Bueno, hoy estuve en el lugar favorito de mi ciudad. No, no hablo de la casa de mis abuelos. Hablo de un lugar, que está cerca de ahí por Los Dominicos ¡Bendito seas, lugar! Es tan maravilloso, no creo que haya otro lugar similar en el mundo. Pequeños ríos lo acuchillan, tiene una fuente de los deseos, un aviario, artesanía, y todo en una silenciosa paz. Lo único que le quitaría, es la cantidad de sangre azul que hay por esos lares. Con su hablar lleno de desdén y sus cabellos en tonos castaños y rubios, sus pieles de miel y ojos somnolientos. ¡Son tan molestos! Pero los prefiero a ellos antes que al perraje, que tiene ese hablar veloz y carente de modulación, como si el sonido de las consonantes no fuese relevante. Su ruido, su ímpetu, que desagradable.
Siempre que voy al lugar, voy con la gente equivocada. Mi familia suele ser acorde para muchas situaciones, pero desearía ir con alguien importante para allá. Y creo que se con quien, y cuando también. Juntos disfrutaremos del silencio, del hombre que toca el arpa junto a la tienda de figuras de lapislázuli, lanzaremos monedas al pozo orando por nuestros más vergonzosos y sinceros deseos, hablaremos con las aves y escucharemos el consejo de los ríos.
Todo es tan bello, y queda tanto por ver, hacer, y sentir. El tiempo pasa rápido, y siento que no lo aprovecho bien. Me voy a tener que concentrar.
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