Entonces aquí estoy. Que chistoso. Estoy donde quizás siempre quise estar, y estoy feliz. Sí, puedo afirmar con confianza que finalmente la felicidad tocó a mi puerta. ¡Oh! ¿Pero que rayos es una vida sin penas? Otra cosa que no es vida de seguro. Y soy feliz porque tengo algo que me alegra, algo que me complica, algo en que pensar y algo que me entristece. Todo me lo debo a mi mismo. O la razón de mi felicidad, quizás. Creo que he sacrificado cosas. Peor no estoy seguro de haberlo hecho concretamente, pues en mi mente confundida no sé si es una maravillosa pesadilla o una terrorífica realidad la imagen de la sangre corriendo. ¿Importará? Por supuesto que no, ya nada me importa, ya tengo lo que quería y pretendo disfrutarlo. Dejaré (como siempre) que las cosas se acumulen y estallen después. Será más divertido así. Por ahora sonreiré tímidamente, y me lamentaré en silencio.
Ojalá siga nublado ¿Qué más perfecto?
No hay comentarios:
Publicar un comentario